Perseverar en la oración

(Hch.2:42)

La primera iglesia cristiana inicia a raíz de la clara predicación del Evangelio, acompañada por el poder de Dios. Este episodio establece los cimientos de la comunidad cristiana y su misión: compartir el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo. Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en la oración.

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:41-42, RV 1995).

Hechos 2 marca un punto crucial en la historia de la iglesia. El Espíritu Santo vino de manera evidente y con señales inequívocas sobre los discípulos de Jesús reunidos durante la festividad de Pentecostés. Ante el asombro de la multitud que se encontraba presente en Jerusalén, Pedro explicó el significado de lo que estaba ocurriendo. Pedro cita profecías del Antiguo Testamento que hablan sobre la venida del Espíritu Santo y la llegada del Mesías. Con valentía, Pedro proclama a Jesús crucificado y resucitado; además, llama al arrepentimiento, a volver a Dios, a ser bautizado en el nombre de Jesucristo, para recibir el perdón y el don del Espíritu Santo.

El resultado es la conversión de unas tres mil personas que se unen a los discípulos. La primera iglesia cristiana inicia a raíz de la clara predicación del Evangelio, acompañada por el poder de Dios. Este episodio establece los cimientos de la comunidad cristiana y su misión: compartir el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo. Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en la oración. Además, eran movidos por el temor a Dios, practicaban una generosidad impactante, vivían en unidad, experimentaban gozo y alegría, alababan a Dios y disfrutaban del favor del pueblo. Esto llevó a más crecimiento, ya que los que iban siendo salvos se unían a esta comunidad.

Una parte importante en la vida de la iglesia desde sus comienzos fue definitivamente la oración (Hechos 2:42):

    • La iglesia nació en un ambiente de oración y expectativa divina (Hechos 1:14).
    • En medio de la persecución, la oración fue un recurso de gran poder. En el ambiente de la oración comunitaria todos volvieron a ser llenos del poder del Espíritu Santo y son empoderados para predicar la Palabra con valentía (Hechos 4:31).
    • Los líderes estimaban la oración como muy fundamental y como componente esencial en su ministerio y para ver avanzar los asuntos del Reino de Dios. (Hechos 6:4).
    • Los líderes de la iglesia en Antioquía tenían la costumbre de reunirse para tener tiempos extensos de oración y adoración. En el ambiente de adoración y oración (ministración a Dios), la iglesia de Antioquía escucha la voz de Dios y envía a dos hombres guerreros a los campos de cosecha (Hechos 13:1-3).
    • La iglesia es constantemente animada a orar, especialmente al enfrentar dificultades (Romanos 12:12 / Filipenses 4:6-7).
    • La oración de todos por todos fue siempre un elemento clave en la vida de la iglesia —especialmente para mantenerse alerta frente a los peligros espirituales y para hacer avanzar la obra de Dios (Efesios 6:18-20 / Romanos 15:30 / 2 Corintios 1:11 / Colosenses 4:2-3 / Mateo 9:36-38 / 2 Tesalonicenses 3:1 / Hebreos 13:18-19).
    • La iglesia se edifica orando en el Espíritu (Judas 1:20 / Romanos 8:26-27 / 1 Corintios 14:15 / Efesios 6:18).
    • La oración y la adoración son la expresión de una relación viva y constante con Dios. La respuesta apropiada de un corazón lleno del Espíritu Santo es la adoración al Dios creador del cielo y la tierra (Hechos 13:1-3 / Hechos 16:25).

¿Cómo orar de manera eficaz?

Muchas de nuestras oraciones parecen listas de compras. No hay nada malo en acercarnos a Dios para pedirle cosas personales y ayuda en ciertos momentos para ciertas necesidades (Mateo 6:11 / Mateo 7:7-11). Sin embargo, la oración siempre debe crecer a un nivel que esté alineada con el corazón de Dios, con Sus propósitos y Su voluntad, y con el cumplimiento de la Misión de Dios (Hechos 4:29-31 / Efesios 1:16-23 / Efesios 3:14-21). Aprender a orar estratégicamente para hacer avanzar el Reino de Dios es clave; la iglesia en el libro de los Hechos y las oraciones del apóstol Pablo nos enseñan esto.

‘Hágase Tu voluntad’

En un momento crucial, de mucho estrés y de gran relevancia en la historia, Jesús oró al Padre y dijo: “Ahora Mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré?: Padre, sálvame de esta hora? Pero para esto he llegado a esta hora. Padre, glorifica Tu nombre” (Juan 12:27-28) NBLA – (Mateo 26:38-39 / Hebreos 5:7).

En momentos de angustia es ‘lógico’ pensar en una oración que pida el rescate y el alivio pronto del dolor, del estrés, del peligro y de la adversidad. Sin embargo, Jesús, en tiempos de mucha angustia, procedió inmediatamente a alinear su oración con la voluntad y el propósito de Su Padre (Juan 12:27-28). 

Jesús no puso su necesidad al frente, sino el nombre de Dios Padre y Sus propósitos. Él quiere que Dios reciba la gloria final en este proceso. Notemos que mientras Jesús pasaba por los momentos más oscuros de su vida terrenal, Dios Padre estaba completando la obra de salvación para toda la humanidad. En la hora más oscura de la estancia de Jesús sobre la tierra, el velo en el templo se rasgó y el camino al Padre se abrió. ¿Cuál hubiera sido el resultado si Jesús no hubiera ido a la cruz?

Jesús les enseñó a los discípulos, como también nos enseña a nosotros, a orar: “Padre nuestro que estás en los cielos, Santificado sea Tu nombre. —“Venga Tu Reino. Hágase Tu voluntad, así en la tierra como en el cielo” (Mateo 6:9-10) NBLA.

Orar de acuerdo con la voluntad de Dios, y someternos a ella, nos lleva a orar con confianza y nos asegura una respuesta de Dios (1 Juan 5:14-15 / 1 Juan 3:22). La lectura de la Biblia es esencial para conocer la voluntad de Dios. Por eso podemos decir que una parte clave para orar bíblicamente tiene que ver con aceptar la Palabra de Dios (Juan 15:7 / Josué 1:8), ser sensibles a la voz de Dios, entender los tiempos y lo que Dios quiere hacer en cada situación (1 Crónicas 12:32 / Mateo 16:3 / Lucas 12:56-57 / Hechos 13:1-3 / Hechos 10:9-16). Vea el siguiente mensaje: Orando con las Escrituras.

La oración enfocada en la Misión

Nuestras oraciones deben ir más allá de un enfoque meramente centrado en las necesidades personales, en el aquí y ahora, en la conservación del statu quo o en la bendición inmediata. Las oraciones deben crecer a un nivel más alto, a un nivel estratégico generado por una perspectiva eterna; ellas deben enfocarse en la Misión de Dios y su avance. Nunca debemos olvidar que Dios puede y quiere hacer más que solamente proveer para las necesidades actuales (2 Reyes 3:5-18 / 1 Reyes 3:11-13 / 1 Reyes 17:13 / Efesios 3:20 / Isaías 49:6 / Mateo 6:31-34 / Juan 6:27).

En Hechos 4:23-31 leemos acerca de la oración de los cristianos en un momento difícil. Primero, ellos reconocen que una situación difícil es algo que sí les puede ocurrir a los cristianos fieles; reconocen la soberanía de Dios en los hechos vividos. Sin embargo, el enfoque de su petición es en favor de la Misión. Ellos no oraron primeramente por un alivio de la persecución; tampoco oraron por la seguridad personal y familiar; tampoco oraron por provisión económica, sino por el avance del Reino de Dios. Es verdad que podemos orar por cosas personales, pero no limitemos el potencial de impacto.

El apóstol Pablo y sus oraciones

En este orden de ideas, es bueno estudiar las oraciones del apóstol Pablo. Aunque el apóstol también oraba por algunos asuntos personales (2 Corintios 12:7-10 / Filipenses 4:6-7), su primer enfoque era el avance de las iglesias y de la Misión (Efesios 1:15-23 / Efesios 3:14-21 / Efesios 6:18-20 / Filipenses 1:3-11 / Colosenses 1:3-14). Me parece muy interesante que lo que muchas veces es nuestro enfoque en las oraciones, no lo encontramos necesariamente en las oraciones del apóstol. Él se encontraba en la prisión y seguro tenía muchas necesidades materiales. Sin embargo, no oró por liberación de la prisión, por dinero, por salud, por una larga vida o por otros temas materiales; y esto no quiere decir que no se pueda orar por ello. 

Pero, ¿no fue él quien nos dice que podemos orar por todo y expresarle a Dios todas las preocupaciones y necesidades (Filipenses 4:6-7)? Claro que sí. Sin embargo, notamos que las prioridades y la visión de la vida y de la eternidad del apóstol eran diferentes; él vivía y ministraba enfocado en el futuro y en lo trascendental (Filipenses 2:7-11). Los asuntos eternos preocupaban más al apóstol que lo pasajero de esta vida. Sus ojos estaban enfocados en la eternidad, en lo espiritual: “Pues, para mí, vivir significa vivir para Cristo y morir es aún mejor” (Filipenses 1:21). ¿Cuánto nos preocupan los asuntos del Reino de Dios, la salvación de la gente, el cambio a la imagen de Dios, el conocer a Dios, el avance de Su Misión? Oremos por aquellas cosas que son más importantes.

Reflexión

[1] ¿Qué papel juega la oración en su vida personal y en su comunidad de fe? ¿Cuál es el enfoque principal de sus oraciones: asuntos temporales o eternos? Considera si sus oraciones reflejan una preocupación por los asuntos del Reino de Dios y el avance de Su misión, o si están más centradas en necesidades personales y materiales.

[2] Reflexione sobre la actitud de Jesús en su oración en Getsemaní (Mateo 26:38-39) y cómo se alineó con la voluntad de Dios. ¿Cómo puede usted seguir este ejemplo en sus propias oraciones, especialmente en momentos de angustia o desafío?

[3] Observe la prioridad de Pablo en sus oraciones por el avance del Reino de Dios y la edificación de las iglesias (Efesios 1:15-23 / Efesios 3:14-21). ¿Cómo puede usted cambiar sus prioridades en la oración para reflejar un enfoque más centrado en los asuntos eternos y en el plan de Dios para su vida y su comunidad cristiana?

Mis apuntes

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

»Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.» (Hechos 2:36, RVC).

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El tema del partimiento del pan en Hechos 2 está al mismo nivel que la doctrina, la comunión de los unos con los otros y la oración. La iglesia en el libro de los Hechos no perdía la perspectiva y la razón de su existencia: La salvación a través de Jesucristo. Al celebrar la “Cena del Señor” recordaba la iglesia las bases doctrinales del Evangelio (1 Corintios 15:1-8) y reconocía que se reunía alrededor de Jesús, el autor y consumador de la fe cristiana, y quien nos anima a permanecer firmes (Hebreos 12:1-3).

La comunión fraternal (Hch.2:42)

La comunión fraternal (Hch.2:42)

En los primeros días de la iglesia primitiva, la comunión fraternal no era solo un sueño o un rito religioso, sino una forma de vida arraigada en el corazón de los creyentes. En el libro de los Hechos, se describe cómo aquellos que aceptaron la palabra de Dios fueron bautizados y se unieron en comunidad, perseverando en la doctrina de los apóstoles, compartiendo el pan y participando en la oración (Hechos 2:41-42).

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