La enseñanza de los apóstoles

(Hch.2:42)

La experiencia de la iglesia en el libro de los Hechos revela varios elementos que impulsaron su dinamismo, desde Jerusalén hasta Judea, Samaria y más allá (Hch.1:8). El Espíritu Santo llegó con poder y evidencia palpable. Pedro predicó, y multitudes abrazaron a Cristo. Es esencial examinar los factores que contribuyeron a la consolidación y el avance de la iglesia, factores que se encuentran tanto en los Hechos como en el resto del Nuevo Testamento.

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch.2:41-42) RV 1995.

¿Qué elementos hacen que una iglesia esté en constante movimiento y cumpla con la tarea encomendada por Dios? ¿Son los edificios, los programas o el estilo de culto los aspectos clave? Independientemente de cómo respondamos a estas preguntas, la experiencia de la iglesia en el libro de los Hechos revela varios elementos que impulsaron su dinamismo, desde Jerusalén hasta Judea, Samaria y más allá (Hch.1:8). El Espíritu Santo llegó con poder y evidencia palpable. Pedro predicó, y multitudes abrazaron a Cristo. Es esencial examinar los factores que contribuyeron a la consolidación y el avance de la iglesia, factores que se encuentran tanto en los Hechos como en el resto del Nuevo Testamento. 

En Hechos 2:42-47, se destacan varios elementos: la perseverancia en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan, la oración, el apoyo mutuo, la adoración a Dios y el evangelismo. Estos elementos merecen especial atención para cultivar una iglesia vibrante y en constante movimiento, que cumpla la misión de Dios. En este artículo exploraremos el primer factor: la perseverancia en la enseñanza de los apóstoles.

Los apóstoles enseñaron fielmente la Palabra de Dios, transmitiendo la doctrina divina que nos conduce al conocimiento de Cristo. Con ello, cumplieron el mandato de Cristo de hacer discípulos enseñando todos los mandamientos que Él había dado (Mt.28:18-20). La predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios son de vital importancia para la vida de la iglesia  (Hch.2:42 / Hch.5:42 / Hch.11:26 / Hch.15:35 / Hch.18:11 / Hch.20:20 / Hch.28:31).

El apóstol Pablo consideraba crucial la predicación de la sana doctrina en la iglesia. Él comprendía que para edificar el cuerpo de Cristo era necesario tanto proclamar la enseñanza correcta como refutar las doctrinas falsas (1Tim.1:4  / Hch.20:28-31 / 1Tim.4:1-2 / 1Tim.6:2-9). No solo las personas externas a la iglesia podían causar problemas; también algunos maestros dentro de la iglesia podían desviarse hacia falsas enseñanzas, las cuales generan daño y no contribuyen al avance del plan de Dios, que se fundamenta en la fe (1Tim.1:4-5 / 2Cor.2:17 / Gal.1:6-9).

¿Por qué es importante que se estudie y se enseñe la doctrina cristiana?

    • Para ser salvos tenemos que conocer a Dios; debemos entender quién es Dios (Jn.17:3 / 1Jn.5:11,20). Jesús es el Verbo hecho carne, la luz que brilla en la oscuridad (Jn.1:1-5,14 / Jn.18:37); Él es la verdad y la vida (Jn.14:6 / Jn.8:51). Conocer la Biblia es conocer a Jesús, lo que nos lleva a creer en Él (Rom.10:14-17).
    • La sana doctrina guía a vivir una vida piadosa, instruyendo en el comportamiento familiar, laboral y eclesial, fomentando relaciones saludables y el servicio a Dios y al prójimo (1Tim.1:5 / 2Tim.3:16-17 / Hebr.4:12).
    • Amar la Palabra de Dios expresa amor hacia Él. El mandamiento insta a amar a Dios con toda la mente (Mt.22:37). ¿Cómo? Enfocándonos en la Verdad, estudiándola, memorizándola y aplicándola (Rom.8:7 / Hebr.10:16-17 / 1Jn.5:2-5).
    • A Jesús y al Espíritu Santo no lo podemos separar de la Palabra de Dios (Jn.1:1-5 / 1Jn.1:1-2 / 1Jn.5:7 / Apoc.19:13 / Jn.15:26 / 1Jn.4:6 / Is.11:2 / 1Cor.2:10). 

El apóstol Pablo le aconseja a Timoteo: ‘predique la Palabra’

“Predica la palabra. Insiste a tiempo y fuera de tiempo. Amonesta, reprende, exhorta con mucha paciencia e instrucción. Porque vendrá tiempo cuando no soportarán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oídos, conforme a sus propios deseos, acumularán para sí maestros, y apartarán sus oídos de la verdad, y se volverán a los mitos. Pero tú, sé sobrio en todas las cosas, sufre penalidades, haz el trabajo de un evangelista, cumple tu ministerio” (‭‭2Tim.‭4‬:‭2‬-‭5‬) ‭NBLA‬‬.

Hay una verdad que debe ser predicada (1Tim.1:3-11 / 1Tim.3:14-45 / 1Tim.6:3-10 / 2Tim.3:1 a 2Tim.4:5 / Tit.2:1-15). Hemos sido llamados a ser hombres y mujeres de la Palabra. Debemos alimentarnos personalmente con la Palabra de Dios (Sal.1:1-3). La iglesia debe ser un lugar donde se predica y se obedece la Palabra de Dios; no necesitamos más mensajes superficiales y carentes de fundamento bíblico.

Jesús dice: “enseñándoles a guardar todo lo que les he mandado”

Los mandatos de Jesús son vinculantes y deben ser enseñados con claridad y obedecidos para experimentar un verdadero progreso en el discipulado (Mt.28:18-20). No son los seres humanos quienes determinan los valores de la vida o la cosmovisión del mundo, sino Cristo. Si los hombres rechazan la autoridad divina y abrazan conceptos y valores no alineados con la Palabra de Dios —como lamentablemente sucede hoy en día en el mundo y en la iglesia—, los efectos se manifestarán en la moralidad, la ética, las convicciones y la cosmovisión de la sociedad (Sal.1:1-3). Es cierto que nuestras creencias influyen profundamente en nuestra manera de vivir (1Tim.1:4).

El verdadero cristianismo y la predicación eficaz del Evangelio dependen del compromiso y sometimiento firmes a la Palabra de Dios y a Su autoridad, no de ideas, emociones o sentimientos humanos. La salvación no depende de una religión hecha por hombres, sino del Evangelio de Cristo (1Cor.15:1-3). El discipulado tiene como objetivo la obediencia a los mandatos de Cristo, que definen claramente la conducta, los valores, las virtudes y la moralidad del seguidor de Cristo (Mt.28:18-20). Por tanto, toda la Palabra de Dios debe ser interpretada correctamente y predicada en todo el mundo para que el anunciante no sea considerado insignificante en el Reino de Dios (2Tim.3:16-17 / Mt.5:17-20 / Sal.1:1-6 / Hch.20:20,26-27 / Hch.26:22-23 / 2Cor.4:2 / Gal.1:7-10 / Gal.4:16 / 1Tes.2:4).

Cuando no se acepta la autoridad de la Palabra de Dios y no se predica toda su verdad, la iglesia se expone a filosofías que con el tiempo destruyen su impacto en la sociedad y generan confusión teológica de todo tipo. Como dijo R. Albert Mohler Jr. en su libro ‘Tormenta que se avecina – secularismo, cultura e iglesia’: “La Biblia es la norma normativa que no se puede regular. Donde encuentras una iglesia, encuentras una comunidad comprometida con la Biblia. Si no, no has encontrado una iglesia.”

La batalla por la Verdad

“Amados hermanos, no muchos deberían llegar a ser maestros en la iglesia, porque los que enseñamos seremos juzgados de una manera más estricta (Stg.3:1) NTV.

Requerimos en estos tiempos de creyentes, líderes y pastores que predican la Palabra de Dios en el poder del Espíritu Santo. Nosotros no hacemos que la Palabra sea relevante, la Palabra nos hace relevantes y gente de impacto.

  • La iglesia del Nuevo Testamento cree y enseña que la Biblia es la Palabra de Dios; entiende que toda la Escritura es inspirada por Dios y anima a los creyentes a buscar en la Biblia los parámetros para la vida cristiana (2Tim.3:16-17). Lo que una iglesia cree, moldeará como vive (1Tim.1:3-5 / 1Tim.6:3).
  • Encontramos en Hch.15 el relato acerca del concilio en Jerusalén durante el cual se discutieron asuntos de doctrina. La iglesia, junto con sus líderes, estuvieron pendientes de seguir la sana doctrina y no permitir que maestros con falsas enseñanzas destruyeran la obra de Dios, incitando a un estilo de vida alejado de los principios bíblicos. La presencia de falsos maestros y de enseñanzas falsas que afectaban a las iglesias llevó a un concilio que trató las doctrinas en juego. Aquel concilio finalmente terminó con una resolución clara que generó alegría en el pueblo y más crecimiento en la iglesia (Hch.15:1-32).
  • El apóstol Pablo insiste en la importancia de seguir una sana doctrina. Pablo le escribía a Timoteo insistiendo en que como pastor debía cuidar la buena enseñanza (Hch.20:28-32 / Apoc.2:2,14,20 / Apoc.3:8 / 1Tim.1:3,10,15 / 1Tim.3:1,14-15 / 1 Tim.4:1,6,16 / 1Tim.6:1,3 / Tit.1:16 a Tit.2:1 / Gal.1:6-10).
  • La iglesia debe proveer sana enseñanza en cualquier programa  y dinámica que emprenda y así la gente aprenderá a discernir entre lo bueno y lo malo (2Tim.4:1-5 / Col.1:25-28 / Col.3:16-17 / Heb.5:11-14).
  • La batalla que hoy se está librando en la iglesia es la batalla por la verdad cristiana. Estamos hablando de una guerra espiritual que sutilmente ocurre en las iglesias de hoy día y frecuentemente no es percibida – ideas subjetivas, doctrinas que no se encuentran en la Biblia, pero que suenan muy espirituales. Estas están invadiendo la iglesia y desviando a los creyentes de la fe sincera a Dios (2Pe.2 / Jud.1 / 2Tim.2:14-21).

El diablo está haciendo una labor destructora en el área de la doctrina y de la verdad bíblica para confundir a los creyentes y para mantenerlos desviados, haciendo cosas que no están de acuerdo con la voluntad de Dios y que generan opresión (Jn.8:32 / 2Tim.2:26 / 1Tim.4:1-6 / 2Cor.11:3 / 2Cor.11:13-15 / 2Tes.2:9-12 / Apoc.13:14).

Guardando el Tesoro

Aférrate al modelo de la sana enseñanza que aprendiste de mí, un modelo formado por la fe y el amor que tienes en Cristo Jesús. Mediante el poder del Espíritu Santo, quien vive en nosotros, guarda con sumo cuidado la preciosa verdad que se te confió (2 Tim.1:13-14) NTV.

En los versículos mencionados, Pablo hace un llamado especial a Timoteo respecto a la doctrina que, como líder, debe abrazar y seguir. El tema de la doctrina no es secundario en la vida de un pastor o líder en la iglesia. Aquí se habla de retener la norma de las sanas palabras (2Tim.1:13) y de guardar el tesoro encomendado (2Tim.1:14).

  • “Retener” (2Tim.1:13) implica tenerlo en las manos, cargarlo, estar íntimamente atado con una persona o cosa (Thayer’s Greek Definitions). La idea es que el líder se aferre intencional y fuertemente a los parámetros de la Palabra de Dios y sus enseñanzas. En el Salmo 63:8 leemos: “Está mi alma apegada a Ti; Tu diestra me ha sostenido”. “Apegada” (‘dabaq’) significa aquí agarrar, pegar, unir, aferrar (Diccionario Vine). Así como Dios nos tiene seguros en Sus manos, debemos agarrar con toda nuestra fuerza las verdades de Dios.
  • “Guardar” (2Tim.1:14) implica cuidar, poner un ojo encima del asunto para que no se escape, proteger, cuidar para que no se pierda (Thayer’s Greek Definitions). Somos entonces animados a velar para que la norma de la doctrina no sea tergiversada.

Estas dos palabras sugieren que la sana doctrina o el tesoro encomendado pueden escaparse o perderse fácilmente. Requieren de una atención especial y concentrada para no ser desviados o engañados y finalmente perder algo valiosísimo. El asunto es de vida o muerte.

Estos versículos nos exhortan a abrazar con claridad, intención y fuerza la doctrina sana; la Verdad del Evangelio de Jesucristo, que salva y cambia vidas; ese es el tesoro encomendado (Rom.3:2 / 1Cor.9:17 / 2Cor.5:19-20 / Gal.2:7 / 1Tim.1:11 / 1Tim.6:20).

Conclusión

La enseñanza de los apóstoles es un asunto crucial en nuestras vidas y en la vida de la iglesia hoy. Nos enfrentamos a una batalla por la verdad cristiana, donde las enseñanzas erróneas pueden desviarnos del camino de la fe genuina. Es hora de levantarnos y abrazar con firmeza la sana doctrina, manteniéndonos fieles a la Palabra de Dios y al Evangelio de Jesucristo. Debemos ser vigilantes y cuidar con celo el tesoro que se nos ha confiado, protegiéndonos de las doctrinas falsas que puedan socavar nuestra fe.

Debemos asumir la responsabilidad de estudiar y enseñar la doctrina cristiana con claridad y convicción. Solo así podremos edificar una iglesia fuerte y vibrante, arraigada en la verdad de la Palabra de Dios y equipada para enfrentar los desafíos de nuestro tiempo.

Reflexión

[1] Usar una hermenéutica sana es vital en toda predicación de la Palabra de Dios. ¿Por qué? ¿Cuál es el panorama actual en nuestras iglesias? ¿Qué se está haciendo en su país o región o iglesia para asegurar una hermenéutica sana?

[2] ¿Cuál valor tiene la predicación expositiva de la Palabra de Dios para guardar la sana doctrina? 

[3] ¿Tiene usted un plan de estudio regular de la Palabra de Dios? Explique

[4] Si usted tiene el privilegio de hablar regularmente a un grupo de creyentes: ¿Tiene un plan de predicaciones semestral o anual? Explique

[5] Lea Prov.3:18 / Prov.4:4-8,13 y haga una lista de las palabras que refuerzan la actitud del líder frente a la sabiduría de la Palabra de Dios.

¿Cómo afecta la enseñanza en la iglesia el estilo de vida y el ministerio de una persona y de toda una congregación? Mencione algunos ejemplos específicos.

Mis apuntes

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

La primera iglesia cristiana inicia a raíz de la clara predicación del Evangelio, acompañada por el poder de Dios. Este episodio establece los cimientos de la comunidad cristiana y su misión: compartir el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo. Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en la oración. Además, eran movidos por el temor a Dios, practicaban una generosidad impactante, vivían en unidad, experimentaban gozo y alegría, alababan a Dios y disfrutaban del favor del pueblo. Esto llevó a más crecimiento, ya que los que iban siendo salvos se unían a esta comunidad.

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El tema del partimiento del pan en Hechos 2 está al mismo nivel que la doctrina, la comunión de los unos con los otros y la oración. La iglesia en el libro de los Hechos no perdía la perspectiva y la razón de su existencia: La salvación a través de Jesucristo. Al celebrar la “Cena del Señor” recordaba la iglesia las bases doctrinales del Evangelio (1 Corintios 15:1-8) y reconocía que se reunía alrededor de Jesús, el autor y consumador de la fe cristiana, y quien nos anima a permanecer firmes (Hebreos 12:1-3).

La comunión fraternal (Hch.2:42)

La comunión fraternal (Hch.2:42)

En los primeros días de la iglesia primitiva, la comunión fraternal no era solo un sueño o un rito religioso, sino una forma de vida arraigada en el corazón de los creyentes. En el libro de los Hechos, se describe cómo aquellos que aceptaron la palabra de Dios fueron bautizados y se unieron en comunidad, perseverando en la doctrina de los apóstoles, compartiendo el pan y participando en la oración (Hechos 2:41-42).

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