El partimiento del pan

(Hch.2:42)

Vamos por el tercer factor que marcó la dinámica de la iglesia en Hechos. La práctica del partimiento del pan, conocida como la “Santa Cena” o “Cena del Señor”, es un elemento esencial en la vida de la iglesia cristiana, fundamentado en las enseñanzas de Jesucristo y continuado por los primeros discípulos (Hechos 2:41-42).

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados, y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”  (Hch.2:41-42) RV 1995.

Vamos por el tercer factor que marcó la dinámica de la iglesia en Hechos. La práctica del partimiento del pan, conocida como la “Santa Cena” o “Cena del Señor”, es un elemento esencial en la vida de la iglesia cristiana, fundamentado en las enseñanzas de Jesucristo y continuado por los primeros discípulos. Esta práctica va más allá de un simple ritual; es una oportunidad para recordar primeramente a Cristo y también la obra redentora de Cristo, celebrar Su sacrificio, y renovar nuestra comunión con Él y con los demás creyentes.

El tema del partimiento del pan en Hechos 2 está al mismo nivel que la doctrina, la comunión de los unos con los otros y la oración. La iglesia en el libro de los Hechos no perdía la perspectiva y la razón de su existencia: La salvación a través de Jesucristo. Al celebrar la “Cena del Señor” recordaba la iglesia las bases doctrinales del Evangelio (1 Corintios 15:1-8) y reconocía que se reunía alrededor de Jesús, el autor y consumador de la fe cristiana, y quien nos anima a permanecer firmes (Hebreos 12:1-3).

La iglesia del Nuevo Testamento cree y enseña el tema central de la cruz de Cristo (Hechos 2:14-36 / Hechos 10:39-43 / 1 Corintios 1:18 / 1 Corintios 2:2 / Lucas 24:46-47 / Gálatas 3:1 / Gálatas 6:14). Entiende que los seres humanos necesitan salvación a través de Cristo. Anima a la gente a obedecer al Señor Jesús, mientras recuerda Su muerte y resurrección hasta que Él venga (1 Corintios 11:20-26 / 2 Pedro 3:11-13). Al celebrar la “Cena del Señor” está confesando su lealtad a Dios y deja de llevar dos vidas, siguiendo a Cristo como a los ídolos de este mundo y su estilo de vida. En la Cena del Señor nos estamos identificando con el Cristo crucificado y resucitado (1 Corintios 10:16-22).

Durante la celebración de la “Cena del Señor”, yo, como creyente, recuerdo a Jesús, quien, una vez por todas, murió en la cruz por mis pecados y por los pecados de todo el mundo (Hebreos 7:27 / Hebreos 9:12, 26 / Hebreos 10:12). 

Al participar en la “Cena del Señor” reconozco el hecho de que fueron mis pecados los que llevaron a Cristo a la cruz y fue mi iniquidad la que lo llevó a sufrir tortura y muerte (1 Juan 2:2). Su sangre es la que me limpia de toda iniquidad. Su sangre es el precio por mi rescate (1 Juan 1:7 / Hebreos 9:22, 28 / 1 Pedro 1:18-19). No hay necesidad de otro sacrificio por parte de los seres humanos ni por parte de Jesucristo. El sacrificio de Jesús en la cruz es totalmente suficiente para mi salvación (Hebreos 10:10, 12, 14 / Hebreos 9:12, 26, 28).

Si bien la Cena es primeramente para los creyentes, estos no deben olvidar que ellos ahora tienen una responsabilidad enorme hacia los no-alcanzados porque entienden que no hay otro camino a la salvación (Hechos 4:20, 31 / Hechos 8:1, 4-5, 12, 40 / Hechos 2:41). La verdad que representa la “Cena del Señor” es el motor que impulsa todo lo que somos y hacemos (Hechos 28:18-20).

Recordemos algunas de las enseñanzas centrales de la Cena del Señor:

[1] Memoria del evento más importante de la historia: La “Cena del Señor” nos recuerda la muerte y resurrección de Cristo, expresiones supremas del amor divino hacia la humanidad (1 Corintios 11:24-25).

[2] Necesidad de recordar: La memoria es frágil, por lo tanto, la celebración de la “Cena del Señor”nos ayuda a recordar la verdad y la importancia de Cristo en nuestras vidas (Salmo 106:13 / Salmo 103:2 / Deuteronomio 4:9 / Deuteronomio 6:12 / Deuteronomio 8:11 / Jueces 3:7 / Salmo 78:11).

[3] Centralidad de Jesucristo: En la celebración de la “Cena del Señor” no se trata solo de recordar un evento, sino de recordar a una Persona: Jesucristo, quien está presente y es el mismo ayer, hoy y siempre (Romanos 5:10  / Mateo 28:18-20 / Juan 3:16 / Hebreros 13:8).

[4] Gratitud y adoración: La “Cena del Señor” es una oportunidad para expresar gratitud por la salvación y todas las bendiciones que provienen de ella, así como para adorar a Dios (Romanos 8:32 / 1 Pedro 2:5, Hebreos 13:15).

[5] Proclamación de la victoria de Cristo: Al participar, proclamamos nuestra fe en la muerte redentora de Cristo y los beneficios que trae, como el perdón de pecados y la reconciliación con Dios (1 Corintios 11:26 / Mateo 26:26-29 / Colosenses 2:14-15).

[6] Esperanza en el retorno de Cristo: La celebración nos recuerda la resurrección de Cristo y su segunda venida, fortaleciendo nuestra fe y animándonos a seguir sus caminos (1 Corintios 11:26 / Colosenses 3:4).

[7] El nuevo pacto: La “Cena del Señor” representa el nuevo pacto en la sangre de Cristo, que ofrece salvación por gracia, transformación del corazón y acceso directo a Dios (1 Corintios 11:25 / Hebreos 8:6 / Romanos 3:22-26).

[8] Autoexamen y confesión: Antes de participar, es crucial examinarnos a nosotros mismos, confesando cualquier pecado y reconociendo nuestra necesidad de la gracia de Dios (1 Corintios 11:28 / 1 Juan 1:8-9).

[9] Frecuencia: La “Cena del Señor” es abierta a todos los creyentes nacidos de nuevo, y su frecuencia puede variar según las prácticas de cada comunidad (1 Corintios 10:17 / Hechos 2:46 / 1 Corintios 11:26).

[10] Flexibilidad en la práctica: Aunque las formas de celebración pueden variar, lo esencial es comprender y honrar el significado espiritual de la “Cena del Señor”, sin crear barreras innecesarias para la participación (1 Corintios 11:23-26).

Conclusión: La “Cena del Señor” es un momento sagrado en la vida de la iglesia, donde los creyentes se unen para recordar, celebrar, declarar su lealtad a Cristo y renovar su fe en Jesucristo. Es más que un simple acto ritual; es una expresión profunda de nuestra relación con Cristo y con los demás creyentes, y una oportunidad para reafirmar nuestra esperanza en Su retorno glorioso.

Reflexión

[1] ¿De qué manera la Cena del Señor le ha ayudado a fortalecer su fe y esperanza en la resurrección de Cristo? ¿Cómo le ayuda la Cena del Señor a renovar su comunión con Dios y con los demás creyentes?

[2] Considerando las enseñanzas centrales de la Cena del Señor mencionadas, ¿cómo cree que esta práctica puede fortalecer la comunidad de creyentes y su relación con Cristo?

[3] ¿De qué manera puede utilizar la Cena del Señor como una herramienta para la evangelización y el discipulado? ¿En qué áreas de su vida necesita experimentar la transformación que ofrece la Cena del Señor?

[4] ¿Cómo cree que la iglesia puede comunicar mejor el significado de la Cena del Señor a las nuevas generaciones?

Mis apuntes

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

»Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.» (Hechos 2:36, RVC).

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

La primera iglesia cristiana inicia a raíz de la clara predicación del Evangelio, acompañada por el poder de Dios. Este episodio establece los cimientos de la comunidad cristiana y su misión: compartir el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo. Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en la oración. Además, eran movidos por el temor a Dios, practicaban una generosidad impactante, vivían en unidad, experimentaban gozo y alegría, alababan a Dios y disfrutaban del favor del pueblo. Esto llevó a más crecimiento, ya que los que iban siendo salvos se unían a esta comunidad.

La comunión fraternal (Hch.2:42)

La comunión fraternal (Hch.2:42)

En los primeros días de la iglesia primitiva, la comunión fraternal no era solo un sueño o un rito religioso, sino una forma de vida arraigada en el corazón de los creyentes. En el libro de los Hechos, se describe cómo aquellos que aceptaron la palabra de Dios fueron bautizados y se unieron en comunidad, perseverando en la doctrina de los apóstoles, compartiendo el pan y participando en la oración (Hechos 2:41-42).

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