Batallando con la amargura

(Rom.12:17-21)

En nuestro andar con Dios las cosas no serán siempre fáciles. Sin embargo, si queremos ser gente que le sirve a Dios y al prójimo, si deseamos crecer en nuestra relación con Dios, no podemos olvidar cultivar un corazón sano y libre de amargura (Prov.4:23) y una relación íntima con Dios.

“Los arameos, que habían salido en bandas, habían tomado cautiva a una muchacha muy joven de la tierra de Israel, y ella estaba al servicio de la mujer de Naamán. Y ella dijo a su señora: «¡Ah, si mi señor estuviera con el profeta que está en Samaria! Él entonces lo curaría de su lepra»” (2Re.5:2-3) NBLA.

La historia de una muchacha cuyo nombre no conocemos. En 2 de Reyes encontramos la historia de Naamán, capitán del ejército de Aram, un hombre exitoso, un guerrero valiente, sin embargo, un hombre enfermo con lepra. La historia nos relata cómo este hombre fue sanado y cómo se convirtió en un adorador del Dios de Israel. Es una historia impresionante (2Re.5). ¿Pero cómo llegó a ser sanado y a experimentar semejante cambio de vida?

En este relato hay otra persona que no debemos olvidar. Se trata de aquella joven que en un asalto de los arameos a Israel fue tomada cautiva, sacada del entorno de su familia y país y entregada como esclava a la familia de Naamán. Ella tenía muchas razones para amargarse y tratar de vengarse de sus enemigos. En medio de sus sufrimientos escucha que el jefe de la casa estaba enfermo. ¿Cómo iba a reaccionar frente a esta noticia? ¿Desearía la muerte de este capitán cuyo ejército le había causado tanto dolor a ella, a su familia y a Israel? ¿Podría estar pensando: eso se lo merece?

Los sufrimientos no siempre llevan a crecer en la relación con Dios. Los sufrimientos no siempre nos acercan automáticamente a Dios; ellos nos pueden igualmente alejar de Él. ¿En qué radica el secreto para que en tales situaciones no nos amarguemos y no nos convirtamos en personas insensibles, duras, vengativas, resentidas? ¿Qué debemos hacer para que los sufrimientos nos ayuden a ser más sensibles, amorosos, gentiles y perdonadores?

En el caso de la chica notamos que ella no muestra signos de amargada o de insensible. Ella quería lo mejor para su enemigo, en vez de desearle lo peor. En el relato notamos que ella de alguna manera cultivaba una relación con el Dios de Israel. Esta joven conocía a Dios, Su amor, Su poder y Su interés por todos los humanos. Ella compartió su conocimiento con esta familia y así le abrió la puerta a Naamán para que él pudiese tener un encuentro con Dios y ser sanado.

A pesar de todo lo vivido y sufrido, la joven no permitió que su corazón se amargara. La amargura hubiera cerrado el corazón y las puertas para hablar con esta familia sobre el Dios que obra milagros. La joven tampoco perdió su fe en Dios, esto en medio de tantas circunstancias adversas y de crisis personal como nacional. Su mirada estaba fijada en Dios (Hebr.12:1-3 / Mt.14:28-31).

No podemos permitir que una situación dolorosa, de estrés, de sufrimiento, de abuso, de tormentas nos hunda y nos impida ser canales de bendición y herramientas en las manos de Dios para servir a otros (2Cor.1:4). Dios nos llama a ser luz en la oscuridad (Mt.5:13-16) y a amar a nuestros enemigos (Mt.5:43-48 / Lc.6:27-28 / Prov.25:21-22 – Rom.12:20-21 / Sal.35:13-14 / 1Cor.4:12-13 / 1Cor.13:4-8 / 1Pe.3:9).

Recordemos también a José (Gn.50:15-21). José fue hijo de una familia disfuncional; experimentó el odio de sus hermanos; fue vendido como esclavo a gente extraña; vivió desterrado, lejos de sus padres. Eso sí, se esforzó por vivir una vida en integridad. Sin embargo, es echado injustamente a la cárcel. ¿Quién iba a creer que con semejante historia se iban a realizar los sueños que Dios le había dado? (Gn.37 a Gn.50).

José no le echó la culpa a otros ni a Dios por las circunstancias difíciles que rodearon su vida. No se dejó manejar por el odio, pero tampoco por la lástima de sí mismo. No usó ninguna de las adversidades para permitirse tomar decisiones erradas de inmoralidad y corrupción. Y una vez ocupando una posición de eminencia, no la usó para manipular o sacar provecho para sí mismo. Nunca permitió que el orgullo lo invadiera al ser exaltado a puestos de poder. ¿Cuál fue el secreto para que José no terminara derrotado, frustrado, depresivo y desalentado? ¿Qué lo llevó a la victoria y a ser un canal de bendición para dos naciones?

Desde su juventud tomó José una decisión clave que marcó sus valores y el rumbo de su vida. Él no iba a permitir que las circunstancias negativas ni las buenas desviaran su atención de los propósitos de Dios. La historia lo revela claramente, José puso a Dios en el centro de su vida: “Yo soy un hombre temeroso de Dios” (Gn.42:18 – NVI). 

Cuando fue tentado a la inmoralidad, respondió: “¿Cómo podría yo cometer tal maldad y pecar así contra Dios?” (Gn.39:9 – NVI). Faraón confirmó en su momento lo siguiente: “¿Podremos encontrar una persona así, en quien repose el espíritu de Dios?” (Gn.41:38 – NVI). José estaba bien enfocado.

José también entendió que Dios era soberano y que Él tenía su vida en Sus manos. De alguna manera entendió que las circunstancias que lo rodeaban eran parte del plan divino; las adversidades eran un instrumento de Dios para probar el carácter de José y hacerlo fuerte y calificado para la tarea (Sal.115:17-22). 

José podía descansar en Dios y en Su fidelidad. Él aprendió que Dios cumple los sueños a Su manera y en Su tiempo. Con toda confianza pudo animar a sus hermanos: “Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas.  … Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes” (Gn.45:5,8 —NVI). José también dijo: “-No tengan miedo. ¿Puedo acaso tomar el lugar de Dios? Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente” (Gn.50:19 – NVI). (Hch.16:16-40 / Filp.1:12-14 / 1Pe.1:6-7 / Hch.8:4 / Hch.11:19-21 / Rom.8:28).

¿Cómo responderemos nosotros?

En nuestro andar con Dios las cosas no serán siempre fáciles. Sin embargo, si queremos ser gente que le sirve a Dios y al prójimo, si deseamos crecer en nuestra relación con Dios, no podemos olvidar cultivar un corazón sano y libre de amargura (Prov.4:23) y una relación íntima con Dios. No podemos permitir que una mala actitud o sentimiento de amargura nos impidan ser instrumentos de bendición y amor, incluso hacia los enemigos.

Oración

Padre Eterno, Te doy gracias por personas y mentores como esa muchacha cuyo nombre no conocemos y por José quienes en un mundo oscuro fueron y son luz. Un barco no se hunde por las tantas aguas que lo rodean, sino por las aguas que penetran a su interior. No permitiré que lo que ocurre a mi alrededor penetre mis pensamientos y espíritu a tal punto que me desvíe, desanime o destruya. Padre, ayúdame a cuidar mi corazón, aquella fuente de la cual mana la vida —para que produzca frutos que Te honran de verdad (Prov.4:23 / Mt.15:8-20). Señor, que siempre Te tema a Ti, odiando el mal, el orgullo, la arrogancia, la corrupción, el lenguaje perverso; y que siempre me esfuerce por hacer el bien y buscar la paz (Prov.4:12-13 / Sal.34:11-14).

Mis apuntes

‘De tal manera…’ (Jn.3:16)

‘De tal manera…’ (Jn.3:16)

Ciertos versículos bíblicos, como Juan 3:16, son tan conocidos que, a veces, se recitan sin comprender su profundidad. Se convierten en frases vacías, clichés religiosos que pierden su impacto. La Biblia no es un libro de frases bonitas, sino una guía para vivir con propósito y significado. Acérquese a ella con un corazón abierto y dispuesto a aprender.

Enoc anduvo con Dios (Gn.5:24)

Enoc anduvo con Dios (Gn.5:24)

—Dígame con quién andas y yo te diré quién eres. “Y Enoc anduvo con Dios, y desapareció, porque Dios se lo llevó” (Gn.5:24) NBLA.

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