En la sala de espera de Dios

(Sal.27:14)

El problema de la espera aparece cuando las promesas de Dios no se cumplen en el tiempo que nosotros queremos que se cumplan. Entonces, en el tiempo de espera, nos desesperamos y hacemos lo que Abraham y Sara trataron de hacer.

“Ni una sola de todas las buenas promesas que el SEÑOR le había hecho a la familia de Israel quedó sin cumplirse; todo lo que él había dicho se hizo realidad” (Jos.21:45) NTV

Cuando Dios promete, entonces es solo Dios quien puede y va a cumplir lo que promete. Promesas dependen del comportamiento de Dios y no del nuestro. El Hacedor de Promesas es también aquel que cumple Sus promesas (Daniel Brown en EMBRACING GRACE).

El problema aparece cuando las promesas de Dios no se cumplen en el tiempo que nosotros queremos que se cumplan. Entonces, en el tiempo de espera, nos desesperamos y hacemos lo que Abraham y Sara trataron de hacer. Cuando el hijo prometido no llegó tan rápido como lo pensaban o deseaban, Abraham y Sara trataron entonces de ayudar a Dios, uniendo a Abraham con Agar. El esfuerzo humano carnal produjo un hijo de la carne. Ese no fue ni es el camino a seguir.

Cómo nos duele esperar. Esperar que nos atiendan en un banco o donde el médico o esperar poder bajar de un avión, todo nos cuesta mucho y muestra lo impacientes que podemos ser. Las cosas las queremos a nuestra manera y en nuestro tiempo, mejor ahora que después. A veces insistimos en nuestros derechos para ser atendidos antes que otros sin recordar que los otros también tienen sus derechos. La impaciencia se puede tornar en un asunto serio para nosotros los cristianos. El salmista nos recuerda: “Espera al SEÑOR; esfuérzate y aliéntese tu corazón. Sí, espera al SEÑOR” (Sal.27:14) NBLA.

La fe no la podemos desligar de la espera. La Biblia muestra en muchas ocasiones que la fe espera en las promesas de Dios, o mejor, la fe espera en Dios. Como ya había mencionado arriba, Abraham, el hombre de fe, esperó en Dios —aunque no le cayó fácil (Rom.4).

Si nos dicen que debemos esperar hasta las cinco de la tarde o hasta el próximo lunes o si tenemos que esperar el próximo turno, parece que eso lo alcanzamos a manejar bastante bien. Sin embargo, ¿es eso esperar en fe? ¿Es eso esperar en el Señor? ¿Qué si hay una promesa y no conocemos la fecha ni la hora del cumplimiento de la misma? El salmista nos llama en Sal.27:14 a esperar al Señor y no en un turno o una cierta fecha u hora (Sal.25:3,21 / Sal.31:24 / Sal.33:20 / Sal.62:1,5 / Sal.130:5 / Is.25:9 / Is.26:8 / Is.30:18 / Lc.2:25,38 / Rom.8:25).

Cuando Dios nos llama a esperar no nos dice siempre cuánto debemos esperar, ni la fecha y la hora que vamos a dejar de esperar. Él nos llama a esperar en Él, entendiendo que Él es fiel, Él es la verdad, Él tiene el control y el poder. Debemos dejarnos caer en Sus brazos. 

Dios le reveló a José en sueños lo que iba a hacer en su vida, sin embargo, nunca le dijo cuánto tiempo debía esperar ni cómo iban a cumplirse los sueños (Gn.37 a Gn.50). Dios había puesto en el corazón de Moisés ser el liberador del pueblo de Israel de la esclavitud, sin embargo, no le dijo fechas ni maneras. Moisés trató de darle viabilidad a ese plan tomando los asuntos en sus manos y el resultado fue una etapa difícil para Moisés (Ex.2:11-25 / Ex.3 / Hch.7:22-31). David fue ungido como rey de Israel, pero Dios no le dijo cuando ni cómo iba a llegar a ocupar el puesto. De hecho, el camino estuvo marcado por muchos desafíos, retrasos y desiertos. Él tuvo oportunidades de adelantar las promesas de Dios (1Sam.16 / 1Sam.24:6-7 / 1Sam.26:9-11), sin embargo, David prefirió esperar en el Señor, en Sus tiempos (Sal.13 / Sal.31:15-16 / Ecl.3:1-8 / Jn.7:30 / Jn.12:27 / Jn.13:1 / Hch.1:7 / 2Tim.4:6).

En la sala de espera de Dios nuestro carácter y nuestra fe son probados, allí somos fortalecidos y hechos gente preparada para servir a Dios con rectitud (Sal.105:17-22 / 1Pe.5:10 / 1Pe.1:6-7 / 2Cor.4:17). En los tiempos de espera somos renovados y fortalecidos (Is.40:31 / Hch.1:4,8). Esperemos con paciencia ‘la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de Dios y Salvador Cristo Jesús’, y que Dios nos encuentre preparados, alertas y trabajando fielmente —con seguridad Él cumple (Tit.2:11-15 / 2Pe.3:1-16 / Mt.24:37-44 / Mt.25).

Aunque duela esperar, confíe en Dios y en Su fidelidad y habilidad en cumplir Sus promesas, en Su tiempo y a Su manera. Que Dios nos ayude a ser pacientes y a esperar en Él. Corramos la carrera poniendo los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe (Hebr.12:1-3).

“Dios no es un hombre, por lo tanto no miente. Él no es humano, por lo tanto no cambia de parecer. ¿Acaso alguna vez habló sin actuar? ¿Alguna vez prometió sin cumplir?” (Num.23:19) NTV

Reflexión

[1] ¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido al estudiar estos apuntes?

[2] ¿Qué pensamientos o actitudes debe cambiar?

[3] ¿Qué pasos va a dar para hacer que lo que ha aprendido sea parte de su estilo de vida?

[4] ¿Cómo va a orar según las lecciones aprendidas? ¿Cómo pueden orar sus amigos por usted?

Mis apuntes

Liderazgo Eclesial – Pastores (Hechos 20:28-31)

Liderazgo Eclesial – Pastores (Hechos 20:28-31)

El pastoreo en la iglesia es una responsabilidad sagrada, establecida por el Espíritu Santo, y requiere de líderes que vivan en integridad, cuiden su propio testimonio y velen por la salud espiritual de la congregación, protegiéndola de las amenazas doctrinales y guiándola con dedicación y amor.

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

Jesucristo es SEÑOR (Hch.2:36)

»Sépalo bien todo el pueblo de Israel, que a este Jesús, a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo.» (Hechos 2:36, RVC).

Translate »