El corazón de Jesús

(Mt.9:35-38)

“Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas de esa región, enseñando en las sinagogas y anunciando la Buena Noticia acerca del reino. Y sanaba toda clase de enfermedades y dolencias. Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, porque estaban confundidas y desamparadas, como ovejas sin pastor” (Mt.9:35-36) NTV.

Cuando observo la vida y el ministerio de Jesús, inmediatamente noto que su enfoque de vida y de ministerio era la gente y no las cosas. Jesús vino a este mundo para dar su vida en rescate por los humanos (Mt.9:12-13 / Jn.3:16). 

En los capítulos 8 y 9 de Mateo leo una historia tras otra de cómo Jesús se acercaba a la gente para sanarla, liberarla y traer esperanza —gente que muchas veces fue rechazada por la sociedad o por el sistema religioso (Mt.9:9-13).

Impresiona ver que los fariseos no temían acomodar su teología para atacar a Jesús y desestimar su trabajo para con los necesitados (Mr.3:1-6 / Lc.13:10-17 / Lc.14:1-6 / Jn.5:1-17 / Jn.9:1-16 / Mt.9:32-34). 

El capítulo 9 termina con una escena que revela el corazón de Jesús y Su deseo de alcanzar a todos. Él ve la necesidad de ‘expulsar’ (enviar – ‘ekballo’) a obreros al campo donde estaban las multitudes necesitadas. 

Jesús buscaba obreros para alcanzar a la multitud confundida y desamparada. No pidió dinero o edificios, tampoco programas especiales, sino pastores. La necesidad urgente y principal eran pastores. Sin ellos la gente anda confundida y desamparada (Mt.9:35-38).

¿Será posible que en algún momento nos podemos desenfocar y caer en la tentación de invertir más de lo necesario en cosas que no representan, a la luz de la eternidad, tesoros duraderos?

Seamos sinceros, es fácil priorizar la inversión de tiempo, dinero y esfuerzos en edificios, programas, reglas, proyectos, y descuidar los tesoros verdaderos, que según Jesús, son las personas (Mt.9:12-13 / Mt.9:34 / Mt.11:19 / Lc.15:1-6 / Lc.13:10-17). 

¿Cómo podemos llegar al punto de no ser considerados con los necesitados y descarriados, a ser gente falta de sincera compasión y preferir cumplir ritos religiosos vacíos por encima de ver por el prójimo (Lc.10:25-37 – el buen samaritano)?

“El Señor le dijo: Tú te compadeces de una planta que, sin ningún esfuerzo de tu parte, creció en una noche y en la otra pereció. Y de Nínive, una gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no distinguen su derecha de su izquierda, y tanto ganado, ¿no habría yo de compadecerme? (Jonás 4:10-11) NVI. (Mt.9:12-13 / Mt.12:12 / Mt.6:26 / Mr.3:4).

“Jesús recorrió todas las ciudades y aldeas de esa región, enseñando en las sinagogas…” (Mt.9:35). Jesús literalmente iba a todo lugar para cumplir con la tarea e ir tras la gente. Él iba a las ciudades y pueblos (Mt.9:35), al campo y a las montañas (Mt.5:1), a las sinagogas (Mt.9:35), a las orillas del mar (Mt.4:18), a las barcas (Mt.8:23), a las casas (Mt.8:14 / Mt.9:10). Notemos: la mayoría de los milagros no ocurrieron en el templo. (Mt.4:23-24 / Mt.11:4-5 / Mt.14:14 / Mt.15:32 / Mr.6:56 / Hebr.4:15 / Hebr.5:2). Jesús predicó el mensaje del Reino de Dios, enseñó y sanó a los enfermos en cualquier lugar donde había gente deseosa de Su toque (Mt.9:35 / 2Tim.2:2 / 2Tim.4:2 / Hch.10:38-39 / Hch.11:19-30).

“Cuando vio a las multitudes, les tuvo compasión, . . . “. Él veía la multitud y les tuvo compasión (movido en las entrañas, es una compasión que mueve a una persona en lo más profundo de su ser) (Mt.9:13,36 / Mt.14:14 / Mt.15:32 / Mt.20:34), porque estaban confundidas (desmayadas) y desamparadas (derribadas), como ovejas sin pastor. La motivación de Jesús al ministrar, sanar, liberar y ayudar a la gente es la compasión. 

“… como ovejas sin pastor”. Aunque había líderes religiosos en Israel, estos no estaban preocupados por el bienestar de la gente, ellos más bien se aprovechaban de la gente, no ofrecían verdadera ayuda, cargaban a la gente con reglas y leyes humanas que los líderes mismos no cargaban —ofrecían una religión que era más bien un impedimento para acercarse a Dios (Mt.9:32-34 / Lc.13:10-17 / Jn.8:1-11 / Ez.34:1-10). 

Hubo un momento en el que Jesús critica fuertemente a los líderes religiosos que no cumplían con su labor y que andaban enfocados en sí mismos y que olvidaron los aspectos más importantes de la ley: la justicia, la misericordia y la fe (Mt.23). Una crítica similar la leemos en el Antiguo Testamento en (Ez.34:1-10). 

Jesús, el buen pastor, estaba hambriento por ver a la gente siendo tocada por el poder de Dios (Jn.4:34-35 / Ez.34:11-16). 

Me pregunto: ¿Qué intereses nos mueven cuando vemos a las personas? ¿Las vemos como Jesús las vio? ¿Cómo nos mueve el ver gente necesitada de Dios? ¿Extendemos la mano al confundido y desamparado como lo hizo Jesús?

“… pídanle que envíe más obreros a sus campos” (Mt.9:38). Jesús llamó y preparó a Sus discípulos para hacer de ellos pescadores de hombres y no constructores de monumentos, como lo trató de hacer el rey Saúl en su momento (Mr.3:14-15 / Mt.4:19 / 1Sam.15:12). 

Jesús siempre vivía enfocado en el ministerio a la gente (Mt.9:35-38 / Mt.14:14 / Mt.15:32 / Hebr.4:15). Dios ama a la gente y por eso dio Jesús Su vida en rescate por el mundo. Además, entrenó a unos pocos para enviarlos a las naciones como sus embajadores del Reino de Dios —llevando las Buenas Noticias (Jn.3:16 / 1Tim.2:1-4 / Mt.4:19 / Mt.28:18-20). 

Jesús compartió Su autoridad con los discípulos con el propósito de que sirvieran a otros con humildad y para que cumplieran con la misión de predicar las Buenas Noticias, sanando, liberando y llevando esperanza en Cristo (Mt.10:1). 

Hans Finzel nos dice: “Jesús pasó mucho tiempo acercándose a la gente y hablando con ella. El Señor Jesús no estaba obsesionado por Sus tareas o metas, a pesar de que sabía que solamente tenía tres años para entrenar a doce hombres que siguieran con el movimiento religioso que iba a transformar al mundo. El modelo de nuestro Señor era seguir vendando heridas, aun hallándose en medio de una insoportable presión por cumplir con Sus tareas y metas (Col.1:28-29)”. ( FINZEL, Hans. Los Líderes – sus diez errores más comunes. Puebla, México: Las Américas, A.C., 1998. P.42).

Preguntémonos: ¿Son para mí las reglas eclesiásticas humanas, los legalismos y las estructuras religiosas rígidas más importantes que servir, amar y ministrar con gracia, misericordia, amor y poder a la gente? ¿Qué me impide hoy día el acercarme a las personas, especialmente a aquellas que pueden haber fallado, que me hirieron, que andan por caminos errados? ¿Qué me lleva a excluir a cierta gente de ser servida como Cristo lo haría?

Como líder no puedo estar solo preocupado por el presupuesto, por los números de asistencia o que se cumplan ciertas reglas (Lc.13:10-17). Nunca debo olvidar que Jesucristo murió y resucitó para salvar a los perdidos y que nos llamó a buscar a esos perdidos, desdichados y sin esperanza humana, para que sean ganados para Cristo y que todo creyente llegue a ser todo lo que Dios quiere que sea (Mt.4:19 / Mt.9:35-38 / Mt.10:6 / 1Tim.2:1-4 / Gal.4:19 / Ef.4:10-16). Dios quiere ver el cielo poblado con gente rescatada por Jesucristo y que adora al único verdadero Dios (Apoc.5:8-14 /  Apoc.7:9-10).

Daniel nos recuerda: ‘El verdadero trabajo de la obra del ministerio no es llevar a que se cumpla con el trabajo, sino a que se utilice el trabajo para alistar a la gente. El rendimiento es secundario. Todos los eventos y actividades de nuestra iglesia son una oportunidad para que el discipulado y el entrenamiento se enfoquen en un ser humano.’ (BROWN, Daniel A. The other side of pastoral ministry. Gran Rapids, Michigan: Zondervan, 1996. P.126 (Traducción hecha por PJOJ).

¿Qué tanto aporta o frena un cierto evento, un programa, un edificio, los estatutos de una iglesia, el ver gente salva, discipulada, involucrada en el ministerio, tocada por el poder de Dios? ¿Qué debe cambiar, ser ajustado o renovado?

Reflexión

[1] ¿Cuál es la lección más importante que ha aprendido al estudiar este mensaje?

 [2] ¿Cuál es el área en su vida que requiere ahora de trabajo, de cambios, de atención? Sea específico.

 [3] ¿Qué pasos específicos va a dar para aplicar las lecciones aprendidas durante este mensaje? ¿Cuándo lo hará?

 [4] Concluya sus reflexiones anotando una declaración de compromiso:

 [5] ¿Cómo puede orar la iglesia (el grupo) por usted considerando las lecciones que aprendió?

Mis apuntes

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

Perseveraban en la oración (Hch.2:42)

La primera iglesia cristiana inicia a raíz de la clara predicación del Evangelio, acompañada por el poder de Dios. Este episodio establece los cimientos de la comunidad cristiana y su misión: compartir el Evangelio de Jesucristo en todo el mundo. Los creyentes perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión fraternal, en el partimiento del pan y en la oración. Además, eran movidos por el temor a Dios, practicaban una generosidad impactante, vivían en unidad, experimentaban gozo y alegría, alababan a Dios y disfrutaban del favor del pueblo. Esto llevó a más crecimiento, ya que los que iban siendo salvos se unían a esta comunidad.

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El partimiento del pan (Hch.2:42)

El tema del partimiento del pan en Hechos 2 está al mismo nivel que la doctrina, la comunión de los unos con los otros y la oración. La iglesia en el libro de los Hechos no perdía la perspectiva y la razón de su existencia: La salvación a través de Jesucristo. Al celebrar la “Cena del Señor” recordaba la iglesia las bases doctrinales del Evangelio (1 Corintios 15:1-8) y reconocía que se reunía alrededor de Jesús, el autor y consumador de la fe cristiana, y quien nos anima a permanecer firmes (Hebreos 12:1-3).

La comunión fraternal (Hch.2:42)

La comunión fraternal (Hch.2:42)

En los primeros días de la iglesia primitiva, la comunión fraternal no era solo un sueño o un rito religioso, sino una forma de vida arraigada en el corazón de los creyentes. En el libro de los Hechos, se describe cómo aquellos que aceptaron la palabra de Dios fueron bautizados y se unieron en comunidad, perseverando en la doctrina de los apóstoles, compartiendo el pan y participando en la oración (Hechos 2:41-42).

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