Entrenados, Empoderados, Enviados

“Y acercándose Jesús, les habló, diciendo: Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado; y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt.28:18-20) LBLA

El mandamiento de la Gran Comisión es para la iglesia como un cuerpo unido en Cristo, pero también es un llamado a cada discípulo personalmente. Este último mandamiento que Jesús le dio a sus discípulos es de gran envergadura, es un desafío y parece una tarea imposible. Si queremos cumplir esta tarea encomendada no podemos estar distraídos. Y si consideramos que sus discípulos fueron personas comunes y corrientes (Hch.4:13), entonces nos sorprende aun más que Jesús los envíe a alcanzar el mundo entero (Mt.28:18-20 / Hch.1:8).

¿Por qué cree Dios que podemos cumplir semejante tarea?

[1]. El llamado y la tarea encomendada fueron dados por el mismo Señor Jesús. La misión no es una misión inventada por hombres ni instituciones religiosas. No es algo que nace en el corazón de humanos (Jn.15:16 / Ef.2:10 / Hch.9:15). Dios respalda este proyecto.

[2]. Jesús prometió que iba a estar con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo (LBLA), o como lo dice la NTV: ‘hasta el fin de los tiempos’ (Mt.28:18-20 / Mt.1:23 / Is.41:10 / Hch.18:9-10 / 2Tim.4:17). Su presencia permanente asegurada por el mismo Señor Jesús nos da seguridad para avanzar con la tarea encomendada.

[3]. Él envió el Espíritu Santo de poder es clave y por ello tenemos poder y autoridad. El poder y la autoridad que tiene un discípulo lleno del Espíritu Santo es un poder dado por Dios para exaltar a Dios. No es un poder dado por una institución, persona o cosa (Filp.2:8-9 / Hch.1:8 / Hch.6:8 / Lc.10:19 / Rom.15:18-19 / Hebr.2:4 / Jn.15:7 / Stg.1:5). Debemos buscar estar siempre llenos de Su Espíritu (Ef.5:15-20).

[4]. Jesús nos dio el ejemplo de cómo vivir una vida que marca la diferencia y de cómo servir con las actitudes correctas (Jn.13 / Filp.2:1-11 / Mt.11:29 / Rom.15:5 / Ef.5:2 / 1Pe.2:21 / 1Jn.2:6). El también nos dijo y nos mostró cómo hacer discípulos que discipulan (Mt.28:18-20 / Mr.16:15-18 / Lc.24:46-49 / Jn.20:21-23). El nos llama a hacer lo mismo que Él hizo (Jn.14:12). Imitemos a Jesús.

[5]. Jesús nos dio Su Palabra. Su Palabra es la que cambia vidas y equipa al creyente para toda buena obra (2Tim.3:16-17 / Sal.119:98-100 / Rom.15:4 / Hebr.4:12 / 2Pe.1:19-21). Por eso estamos llamados a predicar La Palabra de Dios. “… predica la palabra de Dios. Mantente preparado, sea o no el tiempo oportuno. Corrige, reprende y anima a tu gente con paciencia y buena enseñanza” (2Tim.4:2).

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